haber tenido un
proceso de cuestionamiento continuo, que -en opinión
de Hania Gómez, presidenta de la Fundación para
la Memoria Urbana- les permitió hacer mejoras e introducir
cambios en favor de la calidad de vida de sus habitantes.
A juicio del arquitecto William Niño, estas metrópolis
de América Latina se han reconstruido en función
de un proyecto de ciudad a largo plazo, que, a diferencia
de Caracas, se enfoca en una filosofía del bienestar
del ciudadano y no en simples preceptos políticos.
"Curitiba
se pensó como una ciudad ecológica para el disfrute
del cuerpo. Bogotá se redefinió como la capital
de la cultura contemporánea del Caribe. Mientras que
Guayaquil dejó de ser la ciudad más fea del
continente, para convertirse en una urbe rica en cultura,
paisajista y divertida... Caracas, por su parte, no tiene
proyecto y tampoco sabe lo que quiere ser. De allí
que la capital se ha deteriorado, mientras otras ciudades
comenzaron a crecer".
Pero
el detrimento de Caracas no debe atribuirse sólo a
esta administración. De acuerdo con los expertos, los
males de la capital vienen arrastrándose desde hace
15 años, sin que ninguna de las autoridades haya logrado
revertirlos.
"No
podemos utilizar los tiempos políticos para puntualizar
el problema de Caracas", comentó Niño.
"El fenómeno de la capital se inició hace
15 años. El tiempo de las decisiones inconsultas, del
abandono, de los procesos de canibalismo y de enfrentamientos...
Esta atrocidad de los últimos 15 años no se
lo merecía Caracas, porque es demasiado espléndida".
"Esta
ciudad está en busca del tiempo perdido", agregó
Gómez. "Ya para 1999 Caracas tenía graves
problemas, pues hacía rato que había perdido
su patrón de mejora continua. Lo malo es que ahora
se agregan nuevas situaciones: como el destrozo del patrimonio,
el manejo de la basura y la crisis hospitalaria... Ni siquiera
se pueden considerar las obras del metro, porque ahora éste
se convirtió en el primer destructor del patrimonio".
A
juzgar por los comentarios de los especialistas, la salida
de ese estancamiento pasa por construir un proyecto de ciudad
con miras al bienestar de los ciudadanos, por elegir un alcalde
con conocimientos urbanistas, por tener una oficina de planificación
que piense en la ciudad como un todo, por recuperar los espacios
públicos e iniciar un plan de construcción de
obras.
"No
hay que ir a Europa para copiar experiencias. Los mejores
ejemplos los tenemos en Latinoamérica", afirmó
Niño. "Lo principal es dejar de improvisar en
las alcaldías. A esos cargos deben llegar personas
con formación social, de infancia, de historia... Alguien
que ame la ciudad y esté lleno de proyectos",
acotó.
Al
respecto, Ricardo Montezuma, director de la Fundación
Ciudad Humana y colaborador del Transmilenio en Bogotá,
comentó que la transformación que vivió
la capital de su país le permite asegurar que los cambios
de una ciudad se sustentan en el fortalecimiento de los gobiernos
municipales, en la creación de un sistema de coordinación
y en un gobierno más cercano a los ciudadanos.
"Las
mejores ciudades son las que se gobiernan más cerca
de los ciudadanos, no los mastodontes que se hacen megagobiernos.
Para llegar allí, lo primero es fortalecer los gobiernos
municipales, tener un sistema de coordinación metropolitana
y generar recursos. No sólo con medidas. Se requiere
dinero para mejorar el transporte, la gestión, el control.
Se requiere humanizar la ciudad y hacerla más próxima
a la gente".
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