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02 Mayode 2008
Articulo El Tiempo.com

MEDIDA INCONVENIENTE
No al recorte horario de la ciclovía




Oscar Acevedo .
Columnista de EL TIEMPO.


Este espacio está normalmente dedicado a cubrir temas relacionados con el acontecer de la música en nuestro país. Hoy, sin embargo, a raíz de la propuesta de reducir el horario de la ciclovía, les agradezco a los lectores que me permitan exponer algunos argumentos en defensa del horario actual. Debo aclarar que escribo estas líneas en pleno festivo, mientras un aproximado millón de pedalistas -un jurgo- aprovechan este espacio de convivencia y esparcimiento que surge de manera milagrosa cada domingo y que pareciera no existir en esta ciudad los días laborales, en los que las vías se convierten en zonas de combate y son ferozmente disputadas por los vehículos, que circulan sin tener muy en cuenta a los peatones y a algunos arriesgados ciclistas que se aventuran a usurparles a los todopoderosos choferes un pequeño trozo de carril para transitar. Claro, estos pobres aventureros llegan a sus casas tiznados del hollín de nuestro diésel, de tan mentada mala calidad.

En cambio, los domingos esto desaparece, por lo menos por un rato afortunadamente largo, y surgen unas caras maravilladas, que reflejan asombro en sus ojos. Caras sorprendidas de descubrir una ciudad amable, seres provenientes de todos, absolutamente todos, los rincones de la ciudad, que comparten democráticamente el espacio común que ahora nos quieren limitar.

La ciclovía es un lugar donde los niños aprenden a moverse en la ciudad, a conocer sus calles y a circular en orden. No hay otro sitio como este para que ellos asimilen esta lección básica de movilidad. El beneficio que obtiene la ciudad por la ciclovía es enorme: le brinda a casi la quinta parte de sus habitantes un lugar de desfogue para recargar baterías, personas que, de no tener esta oportunidad, se convertirían en energúmenos por la falta de esparcimiento y harían invivible la capital. Así de simple.

Los trancones que se han generado para permitir la circulación de bicicletas, cochecitos, caminantes, patines y caras sonrientes son fácilmente solucionables con otras medidas distintas de la reducción del horario. Una posibilidad es alargar el tiempo de semáforo que pacientemente esperaríamos los ciclistas para que pasen los conductores presos en esa agobiante jaula en la que se convierte su automóvil cuando está detenido. No problem. De hecho, lo hacemos todos los domingos y, de paso, tomamos un airecito para continuar el pedaleo. Creo que la medida del recorte horario es retrógrada y solo consigue devolverle un inmerecido imperio al automóvil particular, bicho esclavizante, del cual la civilización tendrá que prescindir pronto, para dar paso a un transporte público organizado y, obviamente, a la silenciosa bicicleta.

acevemus@yahoo.com
Oscar Acevedo

 


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