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eltiempo.com / opinión
/ editoriales 18 de julio de 2008
A recuperar la cicla
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Nunca
fue fácil para el gobierno de Bogotá promover
el uso de la bicicleta como medio de transporte alternativo
al carro particular o a los buses. A pesar de las fuertes
críticas, la ciudad convirtió la bicicleta
y las ciclorrutas en un modelo viable de política
de movilidad que transformó un poco la cultura, el
espacio público y las costumbres de muchos capitalinos.La
cicla se transformó en un ícono de transformación
urbana en el país y en un mensaje de cambio de mentalidad.
Sin embargo, un informe de este diario publicado el pasado
lunes confirma el virtual estancamiento de los indicadores
del uso de la bicicleta en la capital. Según la Cámara
de Comercio -que ha liderado la primera Semana de la Bicicleta,
que concluye hoy-, el porcentaje de bogotanos que emplea
este medio de transporte para ir al trabajo o al estudio
es el mismo de hace seis años: 4 por ciento. Fuerte
contraste con el vigoroso crecimiento, que llevó
el uso de bicicletas de 0,6 por ciento en 1995 a 4 por ciento
en el 2002.
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Esta
cifra es aún más descorazonadora cuando la
ciudad cuenta con una de las redes de ciclorrutas más
extensas y es ejemplo mundial de esta política de
movilidad: 342 kilómetros -la distancia de Bogotá
a Pereira-. La combinación entre la construcción
de infraestructura, la promoción del uso y la educación
marcó las políticas de las administraciones
de Enrique Peñalosa y Antanas Mockus. Ese impulso,
que puso a Bogotá dentro del lote de ciudades líderes
en el tema como París, Amsterdam, Portland y Estocolmo,
se perdió en el gobierno de Garzón. Hoy, la
administración del alcalde Moreno incluyó
apenas 20 kilómetros de construcción de nuevas
ciclorrutas en sus planes.
Lo más triste es que Bogotá está olvidando
la bicicleta precisamente cuando las políticas de
promoción de su uso están en auge a lo largo
y ancho del globo. Las ventajas de la cicla como medio alternativo
de transporte frente a la contaminación vehicular,
las emisiones de gases invernadero, los trancones, los beneficios
a la salud pública y la apropiación social
del espacio público están siendo reconocidas
por ciudades como Nueva York, cuyo gobierno, de manera abierta,
se refiere a Bogotá como ejemplo que se debe seguir.
Todo modelo exitoso de sostenibilidad urbana introduce un
componente de áreas peatonales y ciclorrutas como
parte de la calidad de vida en una ciudad moderna.
La red bogotana, que en otras latitudes se morirían
de ganas de disfrutar, ha sido sistemáticamente ignorada
por el Distrito los últimos años. Es innegable
que las dificultades del clima, los constantes obstáculos,
los recorridos incompletos y la inseguridad reducen considerablemente
el potencial uso de la bicicleta. No obstante, una mayor
inversión y una clara voluntad política del
más alto nivel en el gobierno de la ciudad podría
en poco tiempo revivir uno de los elementos más característicos
de la revolución urbana que experimentó Bogotá
en la última década.
Expertos en transporte, planeadores urbanos, visitantes
internacionales y hasta algunos líderes coinciden
en que una política de promoción de la bicicleta
como alternativa debe hacer parte integral de las estrategias
de movilidad de Bogotá y que el diseño de
los equipamientos urbanos deberían contemplar las
características de su uso. Es tiempo de despertar,
ya que en estas frágiles políticas, del estancamiento
al atraso, y de ahí al fracaso, no hay más
que un paso.
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