Pero
más allá de las limitaciones presupuestarias,
de los problemas de calidad del vehículo y del vandalismo,
el proyecto universitario tiene una inmensa limitación
conceptual.
El
servicio está basado en el uso indeterminado e ilimitado
de la bicicleta, la cual se toma y se deja en cualquier
lugar, con muy poco control, monitoreo y total desconocimiento
del usuario de cada vehículo. Es como si algunos
libros de la universidad se pudieran dejar y tomar en cualquier
parte del campus.
La
bicicleta parisina es uno de los vehículos con los
que se aplica el nuevo concepto de movilidad pública
individual o en autoservicio, el cual se está estructurando
en muchas ciudades para ser prestado, incluso, con vehículos
eléctricos -motos y carros-. El concepto se desarrolla
por medio de un complejo conjunto de subsistemas de infraestructura,
comunicación, informática, monitoreo y logística
de redistribución y mantenimiento.
En
la Ciudad Luz se planteó la disposición de
las estaciones a trescientos metros en promedio para incentivar
los viajes cortos, relacionados con la proximidad de la
vida urbana parisina. Razón por la cual la primera
media hora es gratuita para los afiliados, quienes respaldan
su membresía con su tarjeta de crédito, al
igual que los usuarios esporádicos. Las mil quinientas
estaciones están compuestas por terminales informáticas
y de comunicación y un ciclo-estacionamiento. Éste
cuenta con un doble lector magnético, uno para identificar
cada uno de los vehículos que se estacionan o liberan,
y otro para leer las tarjetas sin contacto utilizadas por
los doscientos mil afiliados para tomar rápidamente
una bicicleta.
Las
informaciones referentes a la ubicación de los vehículos
e identificación de sus usuarios se transmiten desde
cada estación al puesto de control central. Desde
donde se monitorea el sistema para definir la logística
de redistribución entre estaciones saturadas y las
que no disponen de bicicletas. Para lo cual veinte camiones,
con capacidad para igual número de bicicletas, están
constantemente desplazándolas donde la demanda las
requiere. Esta capacidad logística, más la
calidad del vehículo y su disponibilidad para tomarlo
o dejarlo rápidamente, condicionan en gran medida,
el nivel de servicio y satisfacción del usuario.
En
conclusión, el nuevo concepto de utilización
pública individual en autoservicio de vehículos
sostenibles en la ciudad es una de las más grandes
innovaciones que ha conocido la movilidad urbana. De allí
la oleada de replicas en todo el mundo. En Bogotá,
para evitar fracasos será determinante entender que
Vélib’ es más que un proyecto de bicicleta
pública, que no basta con poner a disposición
unos “caballitos de acero”, como lo han propuesto
la Administración, algunos concejales e incluso algunos
colegas. La bicicleta es sólo un componente del sistema,
ésta y sus estaciones son el hardware, lo realmente
innovador y costoso es el software: los subsistemas de infraestructura,
informática y comunicación, la operación
del monitoreo, la logística de redistribución
y mantenimiento día y noche todos los días
del año. En nuestro caso muy difícilmente
se podrá copiar el concepto, nos tocará reinventarlo
para nuestra realidad socioeconómica.
Ricardo Montezuma
Director
de la Fundación Ciudad Humana
y Profesor Titular de la Universidad Nacional de Colombia
rmontezuma@ciudadhumana.org