Septiembre 7 de 2007
El
desafío de regular las motos
Se
requiere un nuevo marco legal para enfrentar su crecimiento
explosivo.
Las
recientes medidas de la Secretaría de Movilidad
de Bogotá sobre circulación de motocicletas
introducen al escenario público un tema clave para
el futuro de muchas ciudades colombianas: derechos y deberes
de los motociclistas. Infortunadamente, este tema ha sido
ignorado o menospreciado por la mayoría de los
responsables nacionales y locales.
En teoría, parece positivo hacer
cumplir el capítulo V del Código Nacional
de Tránsito (Ley 769 del 2002), según el
cual las motos deben "transitar por la derecha de
las vías a distancia no mayor de un (1) metro de
la acera". Pero en la realidad, como lo han explicado
muchos motociclistas en los últimos días,
la medida genera un riesgo muy grande, no solamente para
ellos, sino también para todos los actores de la
movilidad.
El Código de Tránsito tácitamente
cataloga a las motos y ciclas como subvehículos,
al relegarlos a circular en un espacio totalmente insuficiente
y técnicamente muy riesgoso, pues maniobrar de
forma segura una moto o una cicla en menos de un metro
de ancho es imposible. Es inaceptable reducir la circulación
de estos vehículos al espacio denominado "punto
muerto" de la vía, donde se concentran, entre
otros, pendientes, desagües, sumideros, alcantarillas
(por lo general sin tapas), peatones, ciclistas y vehículos
parqueados o detenidos para recoger pasajeros.
Este tipo de disposiciones son una muestra
de cómo nuestros legisladores, autoridades e, incluso,
algunos expertos en tránsito han desconocido los
derechos a la equidad y la seguridad de buena parte de
los actores de la movilidad. Las concepciones del aludido
capítulo V son tan absurdas y simplistas que incluyen
motocicletas y bicicletas en un mismo rango y las someten
a reglas muy similares. Es un exabrupto tan grande como
confundir una cometa con una avioneta y exigir los mismos
requisitos a quienes vuelan el artefacto o el vehículo
aéreo.
El crecimiento explosivo de la moto está
generando inconvenientes muy grandes, como el aumento
de contaminación, accidentalidad, víctimas
fatales y discapacitados. Situación que agrava
el ya difícil contexto socioeconómico, ambiental,
de salud pública, calidad de vida y seguridad vial
de la movilidad en muchas ciudades colombianas. Varias
instancias nacionales deben asumir urgentemente y en forma
responsable el tratamiento de la moto y crear un marco
regulatorio acorde con la magnitud del problema y el desafío
futuro que este impone. Las motos son más que una
moda pasajera; su incremento será sostenido y en
poco tiempo alcanzarán y superarán el número
total de automóviles del país. Las altas
tasas de crecimiento de los últimos años
hacen prever que, en menos de una década, Bogotá
podría tener más de un millón. Si
menos de 100 mil generan tantos problemas, ¿qué
será de la ciudad con tal cantidad?
En conclusión, la motocicleta requiere
un nuevo marco regulatorio que la trate de forma muy similar
al automóvil, en términos de derechos y
deberes, como se hace en la mayor parte de los países
desarrollados. Esta debe contar con normas adecuadas de
tránsito, debe pagar impuestos, peajes y estacionamiento.
Además, se debe evitar su uso irracional, como,
por ejemplo, el mototaxismo o la mensajería urbana.
No se debe limitar por ningún motivo su adquisición
y se debe orientar desde la política pública
una motorización responsable por medio de vehículos
de buena calidad. La moto es el "carro de los pobres"
y ellos también tienen derecho a motorizarse, pero
no a costa del medio ambiente, la salud pública
y la seguridad vial. Se debe imperativamente prohibir
y reemplazar los motores de dos tiempos por los de cuatro
tiempos, pues los primeros son exageradamente contaminantes.
De esta forma se asegurarían el respeto al medio
ambiente y un mínimo de seguridad para todos.
Ricardo
Montezuma
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