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De vuelta al caos
Ricardo Montezuma

Además de grandes obras, hay medidas de bajo costo y alto impacto para aliviar el caos en la movilidad de Bogotá.

Mañana, cuando empiezan clases un millón y medio de estudiantes de secundaria y 100.000 universitarios, la movilidad de Bogotá, que ya es todo un drama que causa histeria y pérdida de tiempo valioso entre los capitalinos, volverá a su estado "normal". Es decir, al caos que raya en el colapso. Los 3.000 buses escolares que desde el lunes contribuirán al desbordado flujo vehicular de la capital marcarán el regreso al vía crucis de una ciudad cada día más atascada y contaminada.

La situación no necesita descripción. Además de sus 8 millones de ciudadanos, Bogotá tiene otro millón doscientos mil 'habitantes': un millón de vehículos particulares, 30.000 buses, 60.000 taxis y cerca de 100.000 motocicletas, aparte de zorras, burros, motocarros y hasta carros de paletas. Más de la mitad de la malla vial está en mal estado. El hueco, el trancón, las filas en TransMilenio (TM), el aumento del tiempo de desplazamiento son parte del paisaje urbano. Y eso que nadie mide los niveles de estrés, molestia, irritabilidad y neurosis de peatones y conductores bogotanos que padecen a diario esta situación.

La administración pasada tiene gran responsabilidad en este estado de cosas: la nueva fase de TM se demoró, la chatarrización se paralizó, se bajó la guardia en campañas para que peatones y conductores respeten las normas y se dejó avanzar el deterioro de la malla vial hasta un punto insoportable. Además, como lo dice el saliente director de Tránsito de la Policía, esta es "una sociedad que conoce las normas, pero no las acata".

Las soluciones de largo plazo son indispensables e inaplazables. Aparte de las contempladas con la valorización y la tercera fase de TransMilenio, el alcalde Samuel Moreno y el gobernador de Cundinamarca, Andrés González, acordaron 23 megaproyectos, entre los cuales están el tren de cercanías y un nuevo anillo vial de la Sabana. Sin hablar del metro y los programas del Plan Maestro de Movilidad. Estas y otras iniciativas deben mejorar la situación a mediano y largo plazo, pese a las incomodidades que representarán los 104 frentes de obra activos en la capital, las calles cerradas y los desvíos.

El problema es que la situación no da espera. El trancón ya está aquí y va a crecer mucho más. Hay medidas de corto plazo y bajo costo que pueden aliviar drásticamente las cosas. Y la sociedad, que, como dice el saliente comandante de la Policía de Tránsito, se pasa las normas por la faja, también debe aportar su cuota.

He aquí algunas fórmulas de fácil aplicación:

Ampliar el pico y placa selectivamente, por ejemplo, a los buses en horas de baja demanda.

* Prohibir la parada de buses, taxis y carros en sitios no permitidos.

* Eliminar huecos críticos, que frenan la velocidad en sitios de congestión, y tapar los que empiezan a abrirse.

* Sacar a los taxis vacíos de las vías grandes y hacer paraderos o bahías oficiales en vías secundarias (esto haría más seguro tomar taxi).

* Poner vías especiales para motociclistas y sacar a los ciclistas de vías de alto tráfico.

* Prohibir la descarga de camiones en el día, en supermercados, almacenes y restaurantes.

* Insistir en campañas de respeto a normas elementales, como no ir despacio por el carril izquierdo, no pasar un cruce cuando al otro lado la calle está llena de carros, frenar y no acelerar ante el semáforo en amarillo.

* Introducir el uso de bicicletas públicas, que se puedan tomar en un sitio y dejar en otro, y parqueaderos para ellas, para promover su uso y desestimular el automóvil.

* Analizar los trancones y la coordinación de los semáforos y quitar semáforos innecesarios.

* Hacer pequeños cambios de diseño, como redondear las esquinas de mucho cruce o reducir andenes muy anchos de poco uso.

* Obligar a los carros con escoltas a cumplir las normas y a que no parqueen donde se les venga en gana.

* Emprender una campaña de cultura peatonal, para cruzar por la cebra, usar los puentes peatonales, atravesar donde hay semáforos, etc.

* Cambiar las luminarias públicas (lo que necesita de un aparatoso camión-grúa) solo de noche.

* Hacer ciertas obras, como pintar carriles o podar árboles, solo de noche o no en hora pico.

* Que en horas pico y lugares de alto tráfico la Policía se dedique más a agilizar la movilidad que a cazar infractores.

* Chatarrizar buses viejos de una vez por todas y perseguir de verdad a buses y taxis piratas.

Una combinación de estas y otras medidas con campañas que ataquen la folclórica anarquía y el irrespeto de las normas por parte de conductores y peatones y un refuerzo para la Policía de Tránsito con el fin de que prevenga y controle aliviarían muchísimo el desesperante trancón, mientras esta urbe de 9,2 millones de 'habitantes' adecúa su infraestructura, plenamente desbordada, con las obras que todos los bogotanos están pagando con sus impuestos.

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