Fuente: EL TIEMPO
Fecha publicación: 13 de Mayo de 2006
¿QUIÉNES CONTROLAN LOS BUSES?
El
universo de los transportadores
Ricardo Montezuma
No deberían meter en un mismo saco a TransMilenio
y los buses y busetas
El
informe sobre quiénes controlan los buses en un
avance significativo para entender el transporte urbano
de pasajeros. Es necesario reconocer la investigación
del equipo periodístico de EL TIEMPO. Sin embargo
no se debería meter en un mismo saco a actores
de sistemas radicalmente distintos: TransMilenio y los
tradicionales buses y busetas.
El
transporte colectivo tradicional es, desde hace más
de sesenta años, un sistema semiinformal. Las entidades
encargadas de prestar el servicio están lejos de
ser verdaderas operativas o empresas que se limitan a
ser simples afiladoras de buses. Estas son dueñas
de las rutas y, por ende, las únicas autorizadas
para prestar el servicio. Sus finanzas provienen de afiliaciones
y pagos mensuales o de actividades comerciales y no de
la explotación del parque automotor. En efecto,
no poseen vehículos; estos pertenecen a propietarios
privados que están obligados a afiliar sus automotores
y a “contratar” al destajo un conductor quien
someten a mas de 14 horas diarias, 6 días por semana
y mas de 24 días por mes.
Dentro del transporte tradicional hay dos grandes grupos
completamente distintos: los que están a favor
de la modernización y están en contra, independientemente
de si son o no grandes transportadores. Los primeros le
han apostado a la modernización introducida por
TransMilenio: han asumido grande riesgos en un negocio
que les era desconocido: el transporte masivo. Los segundo
quienes conservan prácticas corruptas como “el
carrusel” se han opuesto la modernización,
son mayormente grupos que inicialmente no creyeron en
el proyecto y ahora no han logrado entrar o permanecer
en TransMilenio.
Por su parte, TransMilenio es un sistema público
masivo, reconocido nacional e internacionalmente por su
calidad. La conseción de rutas a proveedores privados
ha sido abierta, transparente y supervisada por auditorias
internacionales y entidades multilaterales. Las empresas
administran su propio parque automotor y las formas de
contratación y remuneración de los conductores
son radicalmente distintas al famoso destajo que es causante
de la guerra del centavo. Adicionalmente la creación
de TransMilenio marca en Bogotá un fortalecimiento
y redefinición del rol de la administración
y los transportadores. Los primeros se responsabilizaron
de la planeación, organización y control
del transporte masivo y la construcción de infraestructura.
Los segundos se encargaron de la operación empresarial
en el sentido estricto de la palabra. Ellos asumieron
el transporte masivo bajo un esquema real de formalidad
y corresponsabilidad.
Pero hay diferencias e el origen de los transportadores
de TransMilenio: por un lado, hay grupos económicos
ligados al transporte de carga, mensajería y carrocería;
por otro lado, los grupos familiares que tradicionalmente
han prestado el servicio de transporte colectivo y aun
lo siguen haciendo. Al convertirse en operadores de TransMilenio,
los empresarios tradicionales asumieron por primera vez
la razón de ser de su actividad: transportar pasajeros,
no lucrase por afiliar buses. De esta manera, se atacó,
en parte, el conflicto de interés que ha llevado
a la sobre oferta de transporte público. Las empresas
buscaban la manera de aumentar sus rutas y afiliados y,
por ende, sus ingresos. Los intereses particulares y privados
iban siempre en contra de los intereses generales y público.
Como resultado, la ciudad se saturo de buses y los usuarios
pagan la ineficiencia del sistema con tarifas altas y
de mala calidad y largos tiempos de desplazamiento.
En conclusión, hay grupos muy diversos de empresarios,
los que han apostado ala legalidad y la modernización
del sistema de transporte y los que se oponen. Pero, mas
allá de las diferencias entre transportadores de
los sistemas masivo y colectivo, estos representan formas
distintas de transportar a lo bogotanos, de hacer empresa
y de construir institucionalidad, ciudad y ciudadanía.