Opinión local
Una medida incompleta
Ricardo Montezuma*
El establecimiento de una medida para contribuir a descontaminar
a Bogotá es una noticia positiva para todos y debe
ser valorada como un gran aporte de Lucho. Sorprende que
tan sólo ahora se inicien acciones para proteger
a los ciudadanos de uno de los flagelos más fuertes
de las urbes contemporáneas: la contaminación
atmosférica por fuentes móviles. En efecto,
la calidad del aire, tema crucial de salud pública
y calidad de vida urbana, fue objeto de muy poca atención
por parte de las administraciones precedentes. Incluso,
en varias oportunidades se recortaron recursos financieros
y humanos a la autoridad ambiental distrital, Dama.
Si bien urge reducir la polución atmosférica,
y esto implica restringir una parte de la circulación
de los vehículos motorizados más contaminantes,
surgen muchas dudas sobre la aplicabilidad, pertinencia
técnica y conveniencia estratégica del Pico
y placa ambiental.
En primer lugar, es inocente basar la aplicación
de la medida en la autorregulación por parte de
los transportadores, los cuales han demostrado —en
su gran mayoría— muy poca disposición
para cumplir las normas. Para realmente lograr una reducción
de sus emisiones se requeriría una operación
y un mantenimiento adecuados de los vehículos.
Lo anterior es casi imposible para un sistema de transporte
sobreofertado y basado en empresas afiliadoras, guerra
del centavo e informalidad. Es muy optimista pensar que
los transportadores por autorregulación asumirán
su responsabilidad ambiental. Además, se está
responsabilizando a las empresas del plan de autorregulación,
pero para éstas no hay ningún tipo de sanciones
en caso de incumplimiento por parte de uno de sus afiliados.
En segundo lugar, centrar la medida en la prohibición
de la circulación (en ciertos momentos del día)
de los vehículos diesel (transporte público
colectivo y carga) es una decisión de reducida
pertinencia técnica. Sí bien la mayor parte
de la contaminación por fuentes móviles
se debe al material particulado proveniente del diesel,
hay muchos otros vehículos que agravan la contaminación
y que no han sido incluidos en dicha medida, como por
ejemplo automóviles y taxis —viejos o en
mal estado— y sobre todo motocicletas de dos tiempos.
En tercer lugar, en términos estratégicos
es exageradamente contraproducente oficializar y fortalecer
en los imaginarios urbanos la idea de que serían
“los buses los únicos y mayores contaminantes
entre todos los vehículos de la ciudad”.
Si bien éstos en el total de las emisiones son
los que más contaminan, no lo son en términos
relativos. La evaluación de las emisiones debe
también hacerse teniendo en cuenta la eficiencia
de los vehículos: volumen de emisiones/número
de pasajeros (o kilos de mercancías) transportados.
Recordemos que los buses están movilizando más
del 70% de los desplazamientos de la ciudad, mientras
que un millón de autos, menos del 20% del total.
Otro ejemplo son las motocicletas, su volumen de contaminantes
producidos es superior al generado por los camiones para
el transporte de carga.
Teniendo en cuenta lo anterior, el Dama debería
ser equitativo al establecer una medida para reducir la
contaminación. Ésta tendría también
que incluir todos los vehículos altamente contaminantes
en términos per cápita (motos y autos viejos).
Se debería analizar el ejemplo de Ciudad de México,
que consciente de los graves efectos de la contaminación
en productividad, salud de sus habitantes y sostenibilidad
urbana, ha implementando medidas de mejoramiento de calidad
del aire y combustibles. Actualmente se controlan todos
los vehículos, incluso los nuevos son evaluados
y clasificados en cuatro categorías según
su nivel de emisiones.
La primera categoría —de menores emisiones—,
algunos vehículos nuevos, a los dos años
de uso deben ser revisados. Las tres categorías
restantes deben cumplir con el control de gases cada seis
meses y según los resultados de éste deben
o no asumir la restricción de circular una vez
por semana o esporádicamente los días cuando
hay alertas de contaminación. Los resultados han
sido: reducción considerable del número
de alertas de contaminación, combustible de mejor
calidad y renovación del parque automotor.
Urge crear sistemas de información a la comunidad
con respecto a la contaminación. En la medida en
que la calidad del aire depende, además de las
emisiones, de muchos otros factores como vientos y temperatura,
es imperativo tener sistemas de medición y comunicación
que permitan determinar los días críticos,
en los cuales se requieren declaraciones de alerta y medidas
coyunturales. En muchas ciudades del mundo los pronósticos
de la contaminación son más apreciados por
él público que los del clima o el fútbol,
puesto que permiten proteger la salud de los más
vulnerables, como niños y ancianos.
Lucho con su Pico y placa ambiental está abordando
un tema que la ciudad había aplazado. Muchos serán
los tropiezos, aciertos y opositores, pero si es constante,
incalculables serán las vidas que se salvarán.
Esta sería una forma más de combatir la
indiferencia y sobre todo de ser consecuente con una visión
social del ambiente y la movilidad urbana.
*Director
Fundación Ciudad Humana