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 EL ESPECTADOR
Fecha: 3 de septiembre de 2006
 
Columna Ciudad Humana

Opinión local
Una medida incompleta
Ricardo Montezuma*


El establecimiento de una medida para contribuir a descontaminar a Bogotá es una noticia positiva para todos y debe ser valorada como un gran aporte de Lucho. Sorprende que tan sólo ahora se inicien acciones para proteger a los ciudadanos de uno de los flagelos más fuertes de las urbes contemporáneas: la contaminación atmosférica por fuentes móviles. En efecto, la calidad del aire, tema crucial de salud pública y calidad de vida urbana, fue objeto de muy poca atención por parte de las administraciones precedentes. Incluso, en varias oportunidades se recortaron recursos financieros y humanos a la autoridad ambiental distrital, Dama.

Si bien urge reducir la polución atmosférica, y esto implica restringir una parte de la circulación de los vehículos motorizados más contaminantes, surgen muchas dudas sobre la aplicabilidad, pertinencia técnica y conveniencia estratégica del Pico y placa ambiental.

En primer lugar, es inocente basar la aplicación de la medida en la autorregulación por parte de los transportadores, los cuales han demostrado —en su gran mayoría— muy poca disposición para cumplir las normas. Para realmente lograr una reducción de sus emisiones se requeriría una operación y un mantenimiento adecuados de los vehículos. Lo anterior es casi imposible para un sistema de transporte sobreofertado y basado en empresas afiliadoras, guerra del centavo e informalidad. Es muy optimista pensar que los transportadores por autorregulación asumirán su responsabilidad ambiental. Además, se está responsabilizando a las empresas del plan de autorregulación, pero para éstas no hay ningún tipo de sanciones en caso de incumplimiento por parte de uno de sus afiliados.

En segundo lugar, centrar la medida en la prohibición de la circulación (en ciertos momentos del día) de los vehículos diesel (transporte público colectivo y carga) es una decisión de reducida pertinencia técnica. Sí bien la mayor parte de la contaminación por fuentes móviles se debe al material particulado proveniente del diesel, hay muchos otros vehículos que agravan la contaminación y que no han sido incluidos en dicha medida, como por ejemplo automóviles y taxis —viejos o en mal estado— y sobre todo motocicletas de dos tiempos.

En tercer lugar, en términos estratégicos es exageradamente contraproducente oficializar y fortalecer en los imaginarios urbanos la idea de que serían “los buses los únicos y mayores contaminantes entre todos los vehículos de la ciudad”. Si bien éstos en el total de las emisiones son los que más contaminan, no lo son en términos relativos. La evaluación de las emisiones debe también hacerse teniendo en cuenta la eficiencia de los vehículos: volumen de emisiones/número de pasajeros (o kilos de mercancías) transportados. Recordemos que los buses están movilizando más del 70% de los desplazamientos de la ciudad, mientras que un millón de autos, menos del 20% del total. Otro ejemplo son las motocicletas, su volumen de contaminantes producidos es superior al generado por los camiones para el transporte de carga.

Teniendo en cuenta lo anterior, el Dama debería ser equitativo al establecer una medida para reducir la contaminación. Ésta tendría también que incluir todos los vehículos altamente contaminantes en términos per cápita (motos y autos viejos).

Se debería analizar el ejemplo de Ciudad de México, que consciente de los graves efectos de la contaminación en productividad, salud de sus habitantes y sostenibilidad urbana, ha implementando medidas de mejoramiento de calidad del aire y combustibles. Actualmente se controlan todos los vehículos, incluso los nuevos son evaluados y clasificados en cuatro categorías según su nivel de emisiones.

La primera categoría —de menores emisiones—, algunos vehículos nuevos, a los dos años de uso deben ser revisados. Las tres categorías restantes deben cumplir con el control de gases cada seis meses y según los resultados de éste deben o no asumir la restricción de circular una vez por semana o esporádicamente los días cuando hay alertas de contaminación. Los resultados han sido: reducción considerable del número de alertas de contaminación, combustible de mejor calidad y renovación del parque automotor.

Urge crear sistemas de información a la comunidad con respecto a la contaminación. En la medida en que la calidad del aire depende, además de las emisiones, de muchos otros factores como vientos y temperatura, es imperativo tener sistemas de medición y comunicación que permitan determinar los días críticos, en los cuales se requieren declaraciones de alerta y medidas coyunturales. En muchas ciudades del mundo los pronósticos de la contaminación son más apreciados por él público que los del clima o el fútbol, puesto que permiten proteger la salud de los más vulnerables, como niños y ancianos.

Lucho con su Pico y placa ambiental está abordando un tema que la ciudad había aplazado. Muchos serán los tropiezos, aciertos y opositores, pero si es constante, incalculables serán las vidas que se salvarán. Esta sería una forma más de combatir la indiferencia y sobre todo de ser consecuente con una visión social del ambiente y la movilidad urbana.

*Director Fundación Ciudad Humana

 

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