El día sin bus El principio del fin de los paros de transporte urbano
Ricardo
Montezuma
Ph.D. en Urbanismo y movilidad. Director Fundación
ciudad humana rmontezuma@ciudadhumana.org
El paro de transporte público colectivo permite hacer
varias reflexiones sobre el futuro del transporte colectivo
tradicional en la capital. Por primera vez en la historia
de la ciudad el paro no inmovilizó totalmente la ciudad,
como era usual en dichas jornadas. A pesar del desorden y
la incomodidad, gran parte de la ciudadanía se transportó
en los pocos buses que circularon, Transmilenio, taxis y medios
alternativos o no motorizados, al mejor estilo de “un
día sin bus”.

Aparte
de la manifestación por la medida restrictiva a la
circulación por las condiciones ambientales -que es
en cierta medida justificada- es muy extraño que los
transportadores manifiesten hasta ahora su inconformidad con
medidas vienen aplicando desde hace seis años. Reestructuración
de rutas y salida de circulación de buses ha habido
desde 1999 cuando se comenzó a construir Transmilenio
en la Caracas y en la calle 80. Sucesivamente fueron aplicándose
las mismas medidas en la autopista norte y calle 13.

Lo
paradójico es que los transportadores están
tratando a toda costa de entorpecer un proceso con el cual
gran parte de ellos está de acuerdo. La mayoría
de las empresas son concientes de la necesidad de modernizar
el transporte colectivo tradicional y lo han demostrando con
su vinculación a Transmilenio y con el acato a las
normas de modernización durante los últimos
años.
Si
en los últimos años no han existido manifestaciones
de este tipo por la implementación de las mismas medidas,
la pregunta es ¿porqué ahora se ha recurrido
al paro como forma de presión de los transportadores
a la administración distrital? ¿Será
que el gremio transportador quiere quemar sus últimos
cartuchos e intentar ablandar el corazón del Alcalde
con medidas que él mismo utilizó en su pasado
sindicalista?
Esperemos
que nuestro Alcalde tenga la firmeza para no dejarse chantajear
por un grupo de presión, que más que prestadores
privados de un servicio público, son mercenarios de
la “guerra del centavo”. Durante más de
setenta años la movilidad de la ciudad ha sido manipulada
por los intereses de unos muy pocos transportadores que se
han enriquecido a costa de la explotación de los conductores,
unas tarifas especulativas y una reducida calidad del servicio.
Afortunadamente
el paro ha dejado ver una vez más la precariedad del
sistema tradicional, la importancia de mejorar éste
servicio en la ciudad con sistemas de calidad tipo Transmilenio.
¡Qué útil sería que las tímidas
protestas de los ciudadanos exigiendo calidad y un costo justo
tuvieran el eco que tienen los transportadores! Esperemos
que en Bogotá pase algo similar a lo ocurrido en Chile,
donde a medida que se fue mejorando el sistema de transporte
la ciudadanía fue tomando conciencia sobre la mala
calidad del servicio de buses y busetas. Así los últimos
paros de principios del 2005 fueron convirtiendo en jornadas
donde la opinión pública terminaba rechazando
a la manipulación de los transportadores y apoyando
a la administración.
En
conclusión, la administración actual está
ante una oportunidad única para modernizar y humanizar
el transporte colectivo tradicional. La coyuntura actual del
transporte en nuestra ciudad plantea un escenario jamás
visto: el Distrito cuenta con la confianza de un alto porcentaje
los ciudadanos y así con un gran capital político
y espacio de acción; con un nuevo Plan Maestro de Movilidad;
hay un voluntarioso espíritu de cambio al interior
de las empresas; se cuenta con el aprendizaje de un lustro
de grandes cambios en el transporte público de la ciudad.
Con base en estos antecedentes, hoy en día es menos
complejo construir una nueva estructura reglamentaria de modernización
y humanización del transporte colectivo tradicional,
pero se requiere como mínimo de las siguientes condiciones
para lograrlo: mucha voluntad política, asesoría
en cuestiones técnicas, una disposición de consenso
y sobre todo claridad de los objetivos y transparencia entre
las partes.
La
coyuntura de transformación del transporte colectivo
tradicional es una oportunidad estratégica para la
ciudad para avanzar en política social, transformación
urbana y sobre todo, una modernización humana de la
ciudad.
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