HACIA
POLÍTICAS DE MOVILIDAD MÁS EQUITATIVASLos
peajes urbanos (23 de enero de 2006)
Hay que poner peajes en Bogotá, y no solo en la ALO.
Ph.D.
en Urbanismo y Movilidad.
Director Fundación CiudadHumana
rmontezuma@ciudadhumana.org
El
debate sobre el peaje urbano en Bogotá ha aparecido
de forma tímida e intermitente en los últimos
años, y ha sido limitado y estéril. Hoy vuelve
el tema a la agenda pública con la misma reducida
visión: un cobro para financiar la construcción
de la Autopista Longitudinal de Occidente (ALO). Reducida,
pues el peaje urbano es utilizado para mucho más
que financiar infraestructuras.
El
peaje urbano sirve como mecanismo para interiorizar buena
parte de las externalidades negativas que ocasiona el uso
gratuito e indiscriminado de las vías. Los costos
que resultan para la productividad, la desmedida inversión
de tiempo y dinero en movilidad o el gasto en salud pública
originado por la contaminación y la accidentalidad,
entre otros, están siendo recuperados por medio de
peajes en muchas ciudades. En Londres, por ejemplo, se cobra
el acceso al centro con el fin de descongestionar y para
ponerle un precio al impacto económico del uso de
los automotores.
En
muchas ciudades del mundo, el cobro por el uso de las vías
o por el estacionamiento se ha convertido en uno de los
mejores mecanismos para revertir las tasas de retorno negativas,
que presenta la inversión pública en infraestructura
urbana para los automóviles. En consecuencia, la
experiencia internacional ha demostrado que si se compara
lo que aportan al erario los impuestos directos o indirectos
a los automotores, con lo que cuestan sus externalidades
y la construcción, mantenimiento, control, iluminación,
aseo, vigilancia de la infraestructura para los mismos,
el resultado es completamente negativo. Esto quiere decir
que en este tipo de urbes se está subvencionado el
uso urbano de los automotores.
En
el caso de Bogotá, el peaje debería pensarse
para que, además de financiar la ALO, sea una medida
para descongestionar y a la vez exigirle al millón
de autos que circulan diariamente, que cubran los costos
desmesurados que generan al Distrito. Eso implica instalar
peajes electrónicos en varias vías. Gracias
a la tecnología, existen muchas formas de cobro sin
llegar a la tradicional caseta y talanquera.
Para
la exitosa implementación de un peaje, es indispensable
una adecuada delimitación espacial y horaria; una
cuidadosa selección de la tecnología de cobro
y fijación de la tarifa. Se trata de evitar efectos
perversos, como el desplazamiento de las actividades y residencias
a lugares periféricos, lejanos y menos densos de
la ciudad, en detrimento de sus áreas centrales de
la misma y de la calidad de vida urbana.
Un
peaje urbano debería, como mínimo, cubrir
gran parte del presupuesto de la STT y del IDU, que representan
una inversión cuantiosa para garantizar la circulación
automotriz. Además, si tenemos en cuenta las externalidades
que generan los autos, en términos de contaminación,
accidentes, sedentarismo e inequidad, su uso debería
financiar buena parte de las entidades distritales de salud
y medio ambiente.
En
Bogotá, un peaje urbano bien estructurado podría
convertirse en fuente de nuevos ingresos para la inversión
social en movilidad. El recaudo debería, además
de mantener la malla vial, permitir mejorar la accesibilidad
de muchos bogotanos inmóviles por las precarias condiciones
físicas, económicas o sociales. Esta sería
una forma de generar una subvención cruzada parecida
a la de los servicios públicos. Lo anterior contrarrestaría
a quienes argumentan que el peaje puede ser inequitativo,
ya que estaría dando la prioridad de uso de las vías
a los adinerados en contra de los que tienen menos. Por
todo lo anterior, el peaje urbano es la mejor alternativa
para la urgente inversión social en movilidad que
requiere Bogotá.
* Ph.D. en Urbanismo y Movilidad.
Director Fundación CiudadHumana
rmontezuma@ciudadhumana.org
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