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Revista Asocreto Junio de 2004
 
Columna Ciudad Humana 
Rápida Transformación de la Movilidad  en Bogotá 

por: Ricardo Montezuma

Pocas urbes de países en desarrollo han afrontado con éxito los retos que implica mejorar la movilidad urbana. Durante mucho tiempo, el caso de Curitiba se constituyó en el único modelo de intervención exitosa; ahora existen otras ciudades en América Latina que están afrontando decididamente este tema. Una de estas es Bogotá D.C., la cual a finales de los años noventa y principios del nuevo siglo, ha experimentado una rápida transformación en materia de movilidad urbana y transporte. La capital colombiana en un periodo de tiempo muy corto, ha dejado de ser uno de los lugares más caóticos en materia de movilidad y se ha convertido en una nueva referencia. A pesar de la grave crisis económica y de violencia que está afrontando Colombia, su capital ha experimentado una mutación considerable en su estructura espacial, social, política y económica.

En su parte física y funcional, pese a la profunda crisis en que se encuentra el sector privado de la construcción , Bogotá ha modificado en gran parte su fisonomía, con la recuperación del espacio público peatonal (andenes), la construcción de infraestructura vial, especialmente con la implantación de vías exclusivas para bicicletas (ciclo-rutas con una inversión de más de 46 millones de USD ), la recuperación de parques, separadores viales y sobre todo, la implementación de un sistema de movilidad colectiva denominado Transmilenio. Ésta es una nueva infraestructura de transporte urbano de pasajeros compuesta por carriles exclusivos, buses articulados y paraderos fijos. El sistema se fundamenta en un nuevo esquema operativo, basado en primera instancia, en una organización pública de la planeación, recaudo, control centralizado y construcción de infraestructuras; y en una segunda, en una operación dada en concesión a empresas privadas. En lo funcional, se ha logrado agilizar la movilidad urbana cotidiana en horas pico, reduciendo la congestión y por ende, han disminuido los tiempos de desplazamiento . Además, el programa de restricción a la circulación vehicular denominado “pico y placa” , ha logrado reducir considerablemente la congestión vehicular en hora pico, sacando el 40% del parque automotor privado.

En lo social, también se han presentado cambios sustanciales tanto de forma como de fondo. Por una parte, se ha aumentado la cobertura de todos los servicios públicos domiciliarios (agua, electricidad, teléfono y gas) y se ha tratado de desmarginalizar los barrios más pobres. Sólo entre, los años 1998 y 2000 se legalizaron 316 barrios, que consiguieron agua, luz y calles pavimentadas, y se invirtieron 1,2 billones de pesos en beneficio de 650.000 personas en la marginalidad” . En materia de educación pública, se duplicaron los recursos financieros y se incremento la cobertura en un 30% (140000 cupos ). En seguridad, la tasa de muertes violentas se ha reducido en un 42%. Por otra parte, la mentalidad de la población está cambiando, si bien esto es difícilmente demostrable por indicadores, la aceptación de muchos programas de cultura y pedagogía ciudadana lo muestra. En efecto, sin el cambio de mentalidad y el apoyo de los habitantes, años antes hubiese sido imposible imponer medidas como el uso obligatorio del cinturón de seguridad o la restricción de los automóviles (“Pico y placa”). En este cambio está relacionado con la acción de cultura ciudadana realizada entre 1995 y 1997.

En lo económico, las transformaciones también se han manifestado tanto en el aumento del recaudo como en el incremento de la inversión pública. En los últimos tres años Bogotá duplicó su recaudo tributario, la calificación crediticia de deuda interna se mejoró considerablemente pasando en proporciones al doble. Entre 1997 y 2000 los ingresos totales pasaron de 1883 a 3692 miles de millones de pesos. El fortalecimiento de los ingresos está relacionado con el aumento a la sobretasa a la gasolina, la aplicación de un plan antievasión, la actualización de la información catastral, la simplificación tributaria, la valorización por beneficio local, reajuste de tarifas de servicios públicos y los recursos nacionales para Transmilenio , el 52% del presupuesto total proviene del Estado durante 15 años. El incremento del 14 al 20 % en la sobretasa a la gasolina permitió la generación de 30000 millones de pesos anuales. Esta ha sido una de las fuentes de recursos para la inversión en transporte (malla vial y transporte colectivo). El plan antievasión, ha permitido recaudar 62000 millones de pesos en 1999 y 70000 millones en 2000. La actualización del catastro distrital permitió un incremento del 40% en la base catastral en dos años . Aparte del aumento de los ingresos corrientes se han generado ingresos suplementarios con la reducción de capital de la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá, la cual permitió obtener 970000 millones.

En lo político, los cambios han sido considerables tanto por parte de los electores como de los elegidos. En lo concerniente a los electores, en la votación popular de alcaldes, estos han manifestado su inconformidad con la tradicional clase política y el bipartidismo con un voto de opinión que encarna nuevas manifestaciones de protesta. Sin embargo, este voto alternativo se ha expresado de forma diferente en cada comicio. En efecto, por un lado han estado los votos por personas no ligadas a las maquinarias políticas tradicionales. Este es el caso de la elección del catedrático Antanas Mockus (1995-1997) primer alcalde de Bogotá de origen cívico o alternativo . Por otro lado, estarían los votos contra el populismo encarnado por el candidato Carlos Moreno de Caro, manifestado en la elección del político, consultor y catedrático Enrique Peñalosa (1998-2000). De igual manera, Mockus y Peñalosa se encontraron ante una situación coyuntural bastante favorable, para hacer grandes transformaciones políticas, puesto que la administración anterior había logrado en parte mejorar las finanzas del distrito, y sobre todo, había planteado en el Estatuto Orgánico de Bogotá un nuevo esquema institucional donde se aumentaba la autonomía estatutaria y operativa del Alcalde. Por una parte, en términos reglamentarios, el estatuto de Bogotá, diseñado por el alcalde Jaime Castro (1992-1994), disminuyó la dependencia del Alcalde con el concejo, el cual coadministraba antes la ciudad, logrando así, relaciones transparentes con el mismo y generando más autonomía del ejecutivo local frente al órgano colegiado. Por otra, en términos operativos, la independencia del origen político de los alcaldes les permitió conformar equipos de trabajo completamente en libertad . De esta manera los alcaldes seleccionaron y nombraron exclusivamente a las personas que consideraban más idóneas para los cargos. De allí que, los gabinetes estuvieron compuestos de un alto porcentaje de catedráticos, jóvenes y un número elevado de mujeres. Se paso de un esquema politiquero y clientelista, a una opción mucho más ética y profesional. Lo anterior permitió reducir la corrupción y aumentar la eficiencia de los funcionarios, puesto que mejoró en gran parte el sistema de contratación pública.
2.2.1. La transformación de la movilidad: de la educación ciudadana a la redistribución del espacio público.
Las administraciones distritales entre 1995-2000, realizaron una verdadera transformación con relación a todo lo acontecido durante el siglo en materia de movilidad, transporte y espacio público; por lo cual, en la medida en que se trata de un cambio radical, éste se puede considerar como una ruptura frente a la manera como se venían tratando estos temas. Los cambios impuestos por la administración Mockus (199-1997) se centraron en transformar el comportamiento de los ciudadanos, mediante una estrategia denominada de Cultura Ciudadana. Ésta, tenía como orientación fundamental facilitar o fortalecer cambios de comportamiento en la manera como los habitantes se relacionan y apropian de los lugares donde llevan a cabo sus acciones cotidianas.

La cultura ciudadana fue definida como: “el conjunto de actitudes, costumbres, acciones y reglas mínimas compartidas que generan sentido de pertenencia, facilitan la convivencia urbana y conducen al respeto del patrimonio común y al reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos” . Además, “consiste en propiciar, desde la autoridad política, una mayor conjunción entre la ley, la moral y la cultura, mediante el estímulo a procesos de auto e interregulación ciudadana. El conocimiento e interiorización de normas culturales que se consideran deseables y que establecen límites a la acción social en medios sociales y culturales altamente heterogéneos, debe estimular comportamientos socialmente aceptables sin la amenaza del castigo legal, última instancia de control estatal. El resultado debe ser, en síntesis, una educación para una nueva expresión del deber ser social, una nueva moral ciudadana constituida por nuevos patrones de convivencia” . Las principales acciones del ejecutivo local se centraron en programas. Los cuales se diseñaron con el objetivo de enseñar divirtiendo y a hacer reflexionar al ciudadano, para lo cual se trato de que las intervenciones fuesen lo más simbólicas, novedosas y provocadoras posible.

Las transformaciones de la administración Peñalosa (1998-2000) en materia de movilidad van más allá de las obras físicas como Transmilenio, ciclo-rutas, la recuperación de andenes o los programas como “Pico y placa” o “Sin mi carro en Bogotá”. Estas realizaciones, plantean una forma diferente de movilización, de apropiación de la ciudad y su espacio público. Si bien, no existió un plan integral de movilidad, durante este período se ha logrado ejecutar una serie de proyectos y programas que en su conjunto forman una innovadora estrategia de organización de movilidad. La cual, replantea la distribución del espacio público entre peatones, vehículos motorizados y no-motorizados. El objetivo de muchas acciones ha sido generar un cambio estructural en la mentalidad y en la práctica de la movilidad que mejore el nivel de vida y haga que la ciudad sea más eficiente y competitiva. Para alcanzar este objetivo, se ha buscado dar prioridad al transporte colectivo, explorado modos alternativos de movilidad y racionalizado el uso del automóvil. De esta manera, por primera vez se ha tratado de re-equilibrar la distribución del espacio entre transporte individual y colectivo, puesto que este último ha sido tradicionalmente prioritario para la casi totalidad de las administraciones durante la mayor parte de este siglo. De hecho, a pesar de que la congestión y la contaminación son producidas en su mayoría por los automóviles, los cuales sólo mueven al 15% de la población, éstos han conocido condiciones preferenciales para su utilización indiscriminada. Así, se puede decir que es una verdadera novedad el hecho de tratar de conceder la prioridad en materia de movilidad a la gran mayoría de los bogotanos; dar preferencia a ese 85% que habitualmente ha sido ignorado y ha tenido que transportarse en condiciones muy reducidas de calidad, en un precario sistema de autobuses.
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